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Los servicios de Flores fueron premiados por Valdivia con fecha 01 de Agosto de 1549, ratificados posteriormente el 24 de Julio de 1550, con la cesión de encomienda de los indios que posteriormente el 24 de Julio de 1550, con la cesión de encomienda de los indios que obedecían a los caciques Tala Canta, Mavellangai, Codalmolcaleví, Upiro, Lebalo, Guarcamilla, Acai, Nabalquivi, Quelamangui, Conquemangui y Namarongo, todos ellos en el valle del Mapocho.
En 1585 fallece Flores, sobreviviendole su esposa Elvira, que se destacó en Talagante por su fiel observancia católica, su colaboración con los misioneros franciscanos establecidos en San Francisco de El Monte y que mantenían una doctrina en Talagante, y los progresos que logró en las tierras de su marido gracias al buen entendimiento con los indígenas que le habían sido encomendados.
En mayo de 1604, el agrimensor Ginés de Lillo, en cumplimiento de la ordenanza de mesura general de predios del Reino, llegó a las tierras de Talagante, procediendo a medir y ratificar las dominaciones de Elvira, viuda de Bartolomé Flores, en las mercedes que le habían concedido. Elvira de Talagante falleció a fines de ese mismo año, pasando todas sus posesiones a poder de su hija, Agueda Flores, quien casó en el oratorio de la casa de sus padres (en el mismo que hoy ocupa la Parroquia) con el capitán Pedro Lisperguer.
La zona de Talagante seguía desarrollándose, centrada en su actividad agrícola y alfarera, en los llamados “Obrajes de Talagante”. La población indígena encomendada ya había disminuido y los pueblos de indios de los alrededores mostraban el comienzo de una languidez que con el correr de los años les fue fatal.
El 13 de Mayo de 1647, Talagante, al igual que toda la zona central de Chile, quedó destruido por un fuerte terremoto. Los edificios sólidos que desde hacia 100 años venían construyéndose quedaron por el suelo y un crudo invierno que siguió, en el cual nevó copiosamente durante 3 días vino agravar mas la ya desesperada situación.
Ha mediado del siglo XVIII, Talagante era una simple posada en el camino de carretas a Valparaíso. La cocina principal se encontraba en el lugar que ocupaba la antigua municipalidad, en la avenida O’Higgins.
Durante el período de la reconquista española (1814-1817), por orden expresa del capitán general del reino Francisco Casimiro Marcó del Pont, se nombró a la nueva Cacica de Talagante, a la persona Martina de los Santos Toro, quien gobernó de forma despótica sobre los 200 grupos familiares que vivían en torno a la posada y en los alrededores del sitio que hoy ocupa la planta de la cuidad. Después de la batalla de Chacabuco, en Febrero de 1817, doña Martina debió esconderse, no sabiéndose nunca más de ella.
Asumió el cacicazgo, José de los Santos Toro, quien el año 1822 fue visitado por María Graban, viajera inglesa que recorrió la zona de Talagante, dejando consignadas sus impresiones en su Diario de mi residencia en Chile en 1822.
Después de la nueva fundación de Talagante, las actividades fueron siempre centrándose en torno a la agricultura que en gran escala se practicaba en los predios y fundos de las cercanías. Paulatinamente pequeños adelantos de orden material fueron introduciéndose, pero las faenas habituales que había caracterizado al pueblo de indios de antaño, la industria textil y la alfarería, “los obrajes” fueron desapareciendo lentamente. |
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